domingo

AMAPOLA



Mira, 
mis amores están todos en sepelio.
Me enamoro de los cantos de sirena
como si fuera siempre joven.

Mis banderas son 
la amapola para el siempre que me queda
y la arenga revolucionaria, 
esa por la cual batallo donde quieras.

También una sonrisa abierta en cualquier calle, 
de cualquier patria bastaría
En ella devaneo y pololeo 
porque es mi bandera que flamea 

Yo amapolo apenas 
tú amapolas flor
y amapola ella
Amapolamos lo efímero y precoz
Amapólais vosotras las traiciones
y se amapolan soportando cualquier verso
los años azarosos

Para esta etapa de la vida te aconsejo
sacar los corchos a golpes de cuchillo
beber el vino de vides tenebrosas
nadar en la piscina como un pez 

sombrear como raíz
mecer apenas verde la brisa amada que se pisa
y permanecer exactamente a la deriva 
como telaraña nueva entre semillas de amapolos viejos.

Pétalo apenas,
que ha caído sobre el campo de batalla 
mi vida simula una bandera enflorecida
a la nada destinada 

pero inmersa en la fotografía
de la ilusión que mira 
con tus ojos silabarios 
está mi fúnebre fachada. 

Navego sin preocupaciones por los muslos, senos
de viejas librerías y las nalgas de la cordillera
acunando siestas y bautizos
como lo haría una bandera dibujada en tu saliva.

Es el humo de mi chimenea lo que ondea
por la rotura de tus vidrios
y que la ruta de pretéritos navíos guillotina 

Los piedrazos en las vidrieras de mis sesos 
los detengo y los esquivo 
con la muscular satisfacción 
de un muerto vivo.

Mis lecturas son perfectas y profundas 
y alcanzan hasta el circo de mi infancia, 
las crucifixiones, los orfeones
y se detienen ingrávidas sobre toda tu belleza.

Y los viejos partenones 
siguen empolvando los violines
A pesar de las venganzas y ventiscas 
pasan quietos por mi axila bandolera

Los pájaros que invadían todo el cielo
cantan todavía a la vera del olvido 
anidando quietos y soberbios
en mi dulce pajarera.

En el mar como adusto pasajero 
viaja contra el viento un amor que siento
pero viajas tú a favor de mis palabras
viento con tu popa salvavidas.


Con mi pensamiento leve en la cubierta 
me sostengo como padre más que amante
y en lugar de inundarte con mis besos 
se me salen los consejos y mis vicios.
...

lunes

BIBLIOTECARIO





Mi mujer era octubre con revolución, hambre y ambición.
Mi mujer era sarcasmo, búsqueda y exilio.
Mi mujer era horizonte, brutal, cosquillas
y todo lo que afirmó Bretón.

En la escalera de emergencia 
de cualquier supermercado
mi mujer era cuerpo asombroso de ciudad
con todas sus trompetas de valkiria.

Era fusil, émbolo, ascensor y manivela de París.
Se merece allí, un monumento doctrinario
más grande que la torre
o un desfile de cigüeñas.

Mi mujer arisca era la diva submarina.
Bajo el nado de un tiburón en el acuario de Berlín
profética y mental,  se merecía el Mar del Norte,
su constelación con nombre y apellido
nada menos que una barca de cualquier caleta patriarcal.

¡Chispa de obelisco en la mejor Plaza de Armas!
Mi mujer era la tropa reaccionaria y la traición rural.
Enferma de Camelias y de dama
reluciente de ováricos fantasmas
y sádica hasta el tuétano de todas mis corbatas
era la última palabra en mi desempeño empresarial.

Oxigenada en su retrato y depilada en todas sus pirámides
más sensual que una odalisca e inmensamente lúcida,
mi mujer era sonatina, lúbrica libélula
en palabras propias de Rubén Darío.

Era reflectores en pleno bombardeo
hasta la punta de la lengua ilimitada y libre,
como el aire del  ferrocarril con todo su penacho de locomotora
en la estación de Karenina
donde un día vestido de mujer yo la besé.

Cumplí el protocolo que pedía su imaginario Vía Crucis
Y la traicioné con varias amapolas de la ciudad de Roma
Y me traicionó con papistas de otras religiones. 

Fermento del otario y de los Beatles era mi mujer
página anterior y nunca escrita de un disparo insostenible
era la Provincia Recta de aquelarres, sultana emperadora,  
llena de aguijones.
Feroz en toda su dulzura que emitía de un tirón arrebatado
licuando las protestas nimias de mi eximio silabario.

Estocolmo y todos esos síndromes propios de vejez
quedaron chicos ante tal exquisitez.
Mi mujer era la tensa cuerda de un soneto
y apagante niebla en mi vereda tropical del muro de Berlín
a cualquier edad de todas las mejores.

Mi mujer era supernumeraria como el fado
majadera en los pináculos del Tajo y Samarago
y en sus piernas descosidas de pupitre
era toda una Pessoa palabreando allí en Lisboa.

Era una menina mi mujer
- lo digo yo - viajando en tren,
clavándome las gotas de su lluvia con placer
que revotaban en mi peinado tan propio de la edad
cuando uno se ha olvidado de los besos y vuelve a ser un niño.

Mi mujer era
sí 
es, será
sospecho
-          por decirlo de algún modo  -
todo el texto de mi biblioteca universal.


...

domingo

RESPONDO A TU CONSEJO VIEJO.





Bailé el todo necesario
en comparsas y en pareja
tango, rock y tarantelas
y como un bebido Zorba; bailé

pero más volé.

Volé,
vestido para ir de bodas
Y sumergido en pensamientos
que parecían arroyos estancados o vírgenes cascadas
me embriagué.


Fui novio perfumado y abuelo de una prole imaginaria.
Fui carnada, banderín y acróbata inmutable a los silencios.
Nada me costaría repetirlo.
Amé lo justo por deleite y por impuro trámite de iluso
cósmico y ridículo en exceso.
Hasta la opulencia de la razón barroca amé.
Amé la realidad.

Amo ahora y amaré
cuanto existe y lo que de a poco voy abriendo
Abro mi palma sobre cada uno y cada una.
Es un deber civil,
es un derecho humano.

Y canté,
como te estoy cantando
con este ruido sideral
de cometas y galaxias
por obligación y catedrático insufrible
y también por mudo
porque los que mejor cantan
cantan en silencio.

Si vieras las cicatrices, costras y zurcidos
dirías que soy planeta viejo, anónimo
remendado con batallas, guerras y guerrillas
pero todo eso y más
no es más
ni menos
que mi pecho.

Así es que a la vida
solo queda expresarle mis agradecimientos
y a la futura vida la bienvenida
los correspondientes saludos de novato.
.
.

jueves

CANCIÓN DEL ALMA EXONERADA


Me desprendo de la vida y las vendas y las prisas.
Bostezando esta mañana
me desnudo del semáforo
y del parlante en la parroquia que tenía voz de dios
y de la rubia en la fuente de la plaza
y del pez 

que la esperaba boquiabierto.

Me desprendo de mis culpas ya sin techo.
De todas las basuras me desprendo
De los pájaros cantores y sus jaulas voladoras
con sus gorgoritos me descostro,
como si fuera piel de loba reflectando los crepúsculos;
estoy desnuda sin tu cáscara.

Parece que alguna vez me humedecí
Parece que ayer no más fue;
en el futuro antiguo del punto itinerario en que lloré
Por la ruta infame del espejo circular
hicieron la canción de cuna
y marcha fúnebre de amores y enemigos
.

Y si vieras como duele sacar cada costura
abandonar los pegamentos
para no abrir alguna herida
de tu inmensa catedral vivida.


Desatar los nudos de tu geografía es lo que duele
Lo inmediato sería gritar
pero aquel grotesco verbo
ayer no más se fue.

Me desprendo de las ropas y del frío de tu boca
epítetos, insultos y de las agrias ínfulas
en la comisura de tu sonrisa falsa.


Del veneno y de las sierpes
me evaporo para siempre,
ni siquiera me tocaron
cuando pasaron fragmentadas
por el contorno del agravio;
casi nada.

Con los besos relamidos de tu lengua
colgué un abalorio solitario
que aterrizó en mi oreja izquierda como nido
pero se cayó.


En las ingles de ácidos mordiscos y duros dedos
donde estaba el jazz de brumos amuletos;
nunca más.


Estoy disuelta y expulsé esa húmeda liviana

que era un lastre.
Fue un momento el que me anclaba.

Me despido de los saxos y tenores
y la memoria de sus ritmos.
Ya se fueron.


De la mar, la arena, 

en lo concreto, de todos tus naufragios.
Adiós mi lápida.


Al fondo de la nada se hundieron todos ellos
con burbujas que también se despidieron.

Adiós besos por escrito que no llegan a destino.
Adíos caminos y fantasmas.
Adiós desmantelado de las mesas paternales
Y no sé si aquello fue un saludo, pero chao.

Me libero de los trenes, aeroplanos y cohetes
podridos en el jardín o basural de tu mecánica.


Distanciase mi dedo ínfimo de la curva de tu abdomen
y de todos los crujidos
ya se apagan y despiden de tus dientes.


Puedo viajar al último confín, así tan de liviana
porque a ninguna parte acudo ni me esperan; vago.

Del telégrafo, teléfono y la radio, donde pasó tu voz ardiente
me descuelgo con mi luto, para siempre escucho todo
lo pasado, lo presente y lo futuro.
Ni se enteran las chispas que alborotan
la colectiva flor de todos tus frutales
la velocidad que olvido sin medida
cuando pasó mi luz, porque eras tú el disperso.
Entonces que resbalen los saludos, despedidas, van cayendo.
Chao.

Historia. Vida
o mortuorios restos de Cárcamo Rubén
porfiada hoja seca que nunca fue en pos de otoño
creyendo que era rama raíz del tronco y genital
de algún vuelo ultramarino o semilla de un vergel

divino.
No sé qué te creías.
Despídete de mí.

Me destrabo desencajo, separo y desparramo.
Me deshago de lo que nunca tuve
Me desprendo del músculo macizo que me aferra
a tu porfiada inteligencia
ni sospechas lo que es un pleno olvido

me elimino
no recuerdo ningún tiempo
y si me fui 

jamás estuve 
con el que nunca conocí.

martes

NO SOY YO


Ese instante
pasó por mí.

Cruzó  florestas,  
compuertas candoroso traspasó 
los calabozos.
Se ve radiante en su sombrero airoso.

Alguna vez fui aquel; ese que pude.
Mas sucedí en el sol que está
y  arcángel fui.

Quedó la  luz
donde pasé,  un santiamén
pero tú sabes
impreso está.
No vivo allí.

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jueves

HURGANDO EN TU PATIO TRASERO


A mi lado estaba Alejandro
en su reino de cielos furtivos con su virgen del día
que era tu hermana.
Y allí se quedó para siempre.

Toda la noche estaba oscura y sin permiso de estrellas
sus nubes, sus casas, tu patio y tus padres
y ni siquiera el ruido del río
aplacaba esa inmensa ventana
catedral de los ave
y de las nupcias de plaza
por la que se movían tus gestos de muda
en la noche de negra liturgia.

Como el primer noticiario nocturno
me quedé pensando:
¿Y si soñaras conmigo en 1970?

No sabía de aguadas, borracheras de guerra
ni afrentas, ni nada
pero ebrio del albo planchado
de leche y de pan
te vi en el patio vecino sin saber ni un te amo
ni un glúteo de abasto
de tu negro colegio de monjas.

Mis muslos volaban tu huella de medias y abrigos
en su propia melena de besos,
razón por la cual me chupé los dedos.

Bostezaban de tedio, tu sexo y tus senos nonatos.
Junto al perro alemán; ninguno ladraba en tu patio
pues tu prenda novata no sabía de coitos
ni si quiera de retos.

Todo en ti
era un libro del que aprendían mis ojos,
volaban mis plumas, caían estrellas.
Me sentía tan grande
que en mí no cabía la aurora.
Ni siquiera el destello de tu espejo de mano
en mi pecho de alumno perfecto.

Y yo no sabía escribir de tu nombre
ni un poema de amor.

sábado

UN TRATO DEFERENTE ©


- ¡Hola! –

Esa palabra que me ha dicho usted
es cascada de pájaros bisoños
cual mermelada de damasco
y jugo de naranja al despuntar la madrugada.
Al menos me parece que es usted muy joven de maneras
y la disculpo por la cornisa franca de su risa.
Le respondo pues,
ese saludo provinciano que me ha dado
retirando mi monóculo intrigado:

- ¡Buenos días señorita! –

Me suena como infancia
con la humareda blanca de sus trenes
viajando hacia los montes lisos de mi silabario escapulario.
Me sonríe usted
familiar y limpia, viva
como el aroma del café que inunda el comedor del solitario hotel.
El periódico se dobla.
Ya no me importan sus historias.
Me interesa la lozanía de su piel
y como masca usted esas tostadas rubias
porque crujen mucho en su saludable dentadura

- Buenas… –

Dice la voz ronca con la bronca
de ese vendedor viajero que arrastra su maleta
de andenes, etiquetas, aranceles
cargados de amargura y tratando de ser fiero.
Le meneo la cabeza con mi venia.
La menea usted con su boca llena.

- Buen día -

Dice la anfitriona que retira las bandejas
con sus servilletas
y su morena piel curtida de propinas.

Será hermosa la mañana
con el brillo de su luz a manos llenas
y el sonido de las aves picoteando las manzanas amarillas
Hay razones valederas y cenizas en mi billetera
para mantener la sangre fría
en la hora amarga de este carrusel.

- Adiós –

Ya tengo el valor de caminar las calles.
Con esos buenos días
me ha entusiasmado usted.

.

domingo

De ánforas,…no hay permiso©


(De  un poema de Fatamorgana)

Me dices:
“Que lo sepa.
  No hay permiso.”

¿Ser breve en una historia
de cuyas hojas aún no termina la caída?

Pues que lo sepan;
los aullidos de los perros del averno
se resisten a tal profanación.

Cerca de tu voz que no milita
otros perros siguen sueltos
esperando el llamado de su muerto.

Pero no confundas esos vientos.
Son ladridos de la Bestia los que gritan.
Se resiste.

Que lo sepa:
no hay permiso.

Si no entiende
se lo explico:

no hay perdón 
ni olvido. ©

PUPILA CIEGA


El tren que verborrea  está punto de largar
con su pito pito
y está a punto de parir con celo.
Las estrellas de esta noche perseveran
en la línea de partida.
Tú ves su luz estática y yo la veo como un trazo.
porque pasas. Yo me quedo.
Te ves muy preocupada de mi mudez maligna
ni sospechas lo que pesa querer y no poder
amar sin honorarios.

La noche está llena de grafittis, de mensajes indecentes
de lectura dolorosa en los fulgores estelares
de eruptivos calendarios sin hojas de servicio y corceles
con palabras pegajosas
como lealtad,  por ser un ejemplo familiar
lo correcto, por decir de un frío musculoso
con mariposas esenciales, crucifijos
homicidas desa estrella tuya y vespertina
que es tan fría cuando no escucho el profundo amor
que  le prodigas a la punta de mis pies acantilados en el abismo de tu celo

No sé qué hacer con ello.

Las estrellas de esta noche esperan
quietamente ausentes porque no llegas
al trayecto prometido. No estás
una vez más.
Y yo no llego
como siempre.

Hacen ronda estos versos venenosos
me trasnochan traicioneros y hechiceros
iluminan los puntos de las viriles ies
con vocal de espuma manuscrita
y que abruman con su luz incompetente
cuando espero.

La estrella es la misma que envenena
con su testimonio de inciviles eruditos
la piel de mi delirio en plena edad feraz

Clava en mi ángulo superior derecho la palabra muero
de esa estrella lateral que complementa
en la animal pupila del nombre conceptual que significa
mi vulgar palabra obscena
por lo demás de ti siempre lejana.

No sé qué hacer.

sábado

ME LA CREEN, yo les miento para un lunes 27



¿Qué pude haber soñado ayer que no esté viviendo hoy,
si estoy recién y a mil
inaugurando la adultez que ya disuelve
al peligroso adolescente puro que ya era?
Es muy larga la pregunta y confusa la respuesta.

Mas lo intento.
Él se muere. Ese imberbe que yo era, 

ya no juega pues no miente
y va muy serio a Place du Tertre.

Lo prometo, desde ahora soy solemne.
Soy y estoy debajo de las páginas del diario de tu vida
Se me sale un nuevo rezo en vieja boca y es tu huevo.
Me persigno ante tu nombre.

Me aproximo hacia el día que diluvia
desde el hombre tembloroso que ha nacido.
La lluvia es una cerradura con los rayos
que balancea peligrosamente tu nombre de costado
cuando estoy de cumpleaños
por lo tanto desde ahora
soy el hombre del candado con su lluvias principiantes
junto al nuevo nuevo acantilado del verano que gotea.
Me mareo.

Soy el hombre nuevo que ha nacido. Te repito.
Hay herrumbre, volantines y fogatas
que con pasos de filo palpitante
podrían oxidarse en mi terno de farsante.
Y a pesar de eso, 
soy un hombre nuevo con verdades 
pero guardo en mi sombrero los conejos.
Tú lo sabes.

Están tus picaportes y secretos que me empapan
disfrazada de La Goule, doctora y vocalista.
Hacia ellos con mis pasos acudo ya sin miedo.
Piso con cuidado pues me incumbes
Pienso en ti sin enredos de baúles. Te lo juro.

Soy el hombre de los ríos tristes
de las playas y su sentido son heridas de un cobarde
Soy un hombre muy contuso. 
Y seré el sumiso si bien pides.
Soy torrente nuevo y por eso te columpio y balanceo.
Si deseas, ten mi mano. No te angusties.

Aún así;
puedo ser el hombre de simpáticos modales. Si quisieras.
Soy el hombre de Monmartre y sentencioso que convoca.
Voy a misa los domingos 
por el coro. 
No me cambies.

Abro un libro de poemas. Soy el sordo. Ni te miro.
Creo en Dios.
Se congregan los dolores feligreses de mis astros
y no debes mirarlos con desidia
pues me duelen mis rodillas petulantes.

Se me hielan las espaldas con tus dichos
que gotean puñaladas merecidas
al no creer en mi palabra delirante. Lo merezco.

Soy el hombre roto. Y equivocas;
ni un pedazo te traiciona.
A mi cabeza desembocan esos ritos en desuso.
Yo les creo. Van pasando.
Me transporto un poco más allá de tu horizonte.
Balbuceo y equivoco lo que olvido.

Yo no soy; pues me marchito. Te repito.
Hoy me dueles y no puedo ser el hombre de tu casa.
Porque lloro y muerdo
como nadie te ha querido.

Soy el hombre que concurre con facciosos
pero soy el hombre amable desde siempre. 
Te lo he dicho; soy benigno.
Me disculpo sin fracciones:
- Sí Hombre.
- Sí Mujer
Soy tu confidente. No te miento. Yo te creo.
Nunca más.

Hoy de nuevo es lunes 27
y atesoro las letras de este mes impreso.
Me adoso desde el otro lado, con banquetes solitarios
y como era mi pasado de billetes
me atoro desde el niño, como todos.
Por un rato
me amotino.

Sigo sibilante, indulgente y expresivo. No he partido.
Me la creo
y me quedo aquí
contigo
en este tiempo eterno
que ya olvido.

Soy de nuevo el impecable hombre adulto y de perfil patriarca
que tose en la función de ópera con extrañas expresiones
porque al fin y al cabo
soy también un hombre culto. Tú lo sabes. Me soporto.

Tengo ese frío con tres letras que es la tos,
a punto de sufrir esas penurias económicas
y no alcanzo a ese frondoso que tú quieres
y por el cual darías la vida si pudieras. No lo quise.

Soy el hombre torpe que te mira con vergüenza
y me rehúso ser esa moneda postergada en tus bolsillos.
No lo dudes; cara o sello.
Cara. Diva.
Estoy tranquilo. Me la puedo.

Somos dos creyentes con las canciones más potentes.
He visto a mucho disipado
que se burla de los dos enamorados
leyendo verso a verso y a hurtadillas este secreto.
Espera un poco.


... 


¡Hey lectores!
Aparte de ustedes; que se cuelan en mis barbas
no conozco otros seres que se crean lectores superiores.
Y en el cine, entrometidos,
ya no alcanza el escenario para tanto voyerista
que aparenta inteligencia y no la tiene.

Al conducirlos en esta caminata de mi vida, 
mis queridos;
soy el guía.
Sin mí, estáis perdidos.
Soy el hombre que los burla junto a un árbol
con su sombra contundente. Bienvenidos.

Naturalmente estoy horrible 

al sugerir esa sombra que no entienden. 
Pero ella lo adivina.
Pues me cree y me suspira. Soy su fin de abuela.

Estáis furiosos y ofendidos.
Me sonrío.
Lo noto en vuestras caras de pregunta
pero las llaves de mi ardor son mis llaves
y esas;
no las cedo
ni aunque el amor ausente me lo pida.
Porque miento como siempre
y como ustedes.

...

jueves

TÉMPANO EN PECHO INFAME



Anatrophilum desiderata


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Dices que me amas.
cual carámbanos mis versos te acribillan
que empapo de brújulas y locas
tus puntos cardinales es lo que inflamo
y que mueres con dientes apretados
rabiando lo que rabias de apetito
entre mis crines de medusa y de maldito.


Cuando quieres cuando puedes lo que pides
decapitas mi cabeza por nocivo
Difamando mi cabeza nomeolvides
me dices que rehuyo y no me atrevo
a sostenerte de cuclillas y a horcajadas
pues requiero credenciales cuando rezo
y aterrizo en tu reverso de exquisita.


Pero piensa un poco en el rulo de tus cielos
en los rizos estivales de tus propios aparatos
y en mis músculos de espanto y de glaciales,
es apenas lo que alcanzo a derretirme.


Puro miedo me acongoja en la holgura de tu cosmos
el inmenso amor que me prodigas me devora.
Ni tu flama que es semilla bruta pare frutas
en mi pecho témpano de infame yerto
para siempre y tuyo.



sábado

TALLA XXL

(Homenaje a los poemas satíricos del siglo de oro)

Quiero una doncellita cariampollar y repolluda,
que sus caricias sean amasijos de las pizzas,
que me sobara y amasara como un pan
para sentir ese sabor aperitivo
a paladar de jamones y arrollados.

Que su gesto nunca sea alguna vez huesudo, arisco
y que me coma con sus ojos con inmensa gula,
como si fuera yo de almíbar,
o un postre tímido de helados.












Me dices que ya no cabes en ti misma de alegría
y al mismo tiempo
estás muy gorda con esos kilos numerarios
por lo cual me corres de tu lado.
No te entiendo.
Es flaco ese favor, el que me haces, mi hermosura.
Te amo tan intensamente que mejoras mi apetito
si te veo comer batiendo las quijadas
a sublimes dentelladas con esas mandíbulas de Alien.












No le haré caso a mis amigos, quienes dicen:
mejor está sopear el caldo plano de las flacas.
Y ni sueñes en ponerte a dieta pues te amo gruesa.
Tengo plena conciencia de tu robustez tan opulenta,
testigo satisfecho de tus muchas hamburguesas.
Ya me veo estupefacto ante la mujer Botero
y en el generoso pliegue sabrosón de tus costados
o por tu imponente abrazo tipo ballenero.
Mas no le creo a tu alharaca.
Te amo corpulenta. Inmensa y grasa.
Debo confesarte que eres muy estimulante.
Te reitero: estoy enamorado de todo tu contorno
hasta los huesos.



¿Hay acaso algo más provocador que circundarte
como si yo fuera el estudioso Américo Vespucio?
En una de esas, descubro generosas nuevas Indias
para balancearte al compás de tal circunferencia,
si bien no creo que exista ese tamaño de columpio.

Lo que pasa es que soy adicto a tus dobles curvaturas
y a los abrazos acolchados, pues carezco de abstinencia.
Detesto esas carnes magras del ayuno
a las que me tenías mal acostumbrado
Antes que esas patas Broiler, 
prefiero esos muslos de Godzila
y me sulibera más  la lisura en esa piel de Moby Dick
que el brillo pusilánime de una escama de sardina.

Entre curva y rollo… detesto la bulimia;
te amaría aunque fueses la culona Venus Williams.
Es más; al lado tuyo me siento rutilante,
protegido y rubicundo querubín con mi Valkiria.
Por favor no persistas en la dieta de la luna
pues enfermarás de anemia y languidez a lo Morticia
Te prefiero obesa antes que blanca vampiresa.
No podría ser tu conde Nosferatus de ojerizas
con sabor a sangre en las papilas gustativas
aunque de vez en cuando me zampara unas morcillas.
El áureo número del Phi es tu par de grandes senos,
pero con tanto embelesado por esos círculos concéntricos
me arremeten celos enfermizos.
Extasiado estoy también
por la contundente redondez de tus robustas nalgas
como nubes de ubérrimos balones o globo de tocino
y me excita el meneo mastodonte de tu grupa
decorada por tus bragas diminutas.
Pero mucho más amo tus fajas
que rebosan cuando abunda con tus carnes
el coloquio atronador de tu enorme digestión
en tu redondo buche de porcino.

Lo decidí. Aumentaré de talla para dar felicidad contigo.
Es probable que resulte apretujado dentro de mis ropas
y me transforme en un tonel voluminoso
orbitando por tu esfera como un satélite glotón.
Te juro que daré la talla como sea.
Seremos tú y yo
dos timbales sonando al unísono amoroso.
Pero tú seguirás siendo para siempre
mi frágil virgencita de la suerte
aunque la verdad sea un disfraz piadoso
y nunca pueda hacer la vista gorda
con nuestro amor voluminoso.











Dame un beso delicado y redondito
pues ya diste con el blanco en mi chiflado corazón.
… Y pensar que cuando me casé contigo
cabías con sobrada holgura
en la bolsita de un pompón. ©

domingo

OIRAN




Eres muy versátil,
en mi pieza navegable
y en tus mapas, cartas y aparatos
soy un mar oceánico de témpanos llameantes.

Las primas luces me parecen carcajadas
de la poca vida que tiene la nocturna amanecida
voz de tu llamado

Tu función correcta es a mi lado.
No estás ni siquiera en una foto
pero sigo oliendo tus piruetas interiores
y en camisón te sueño como loco.
¿Ves cómo resiste el cubrecama tan desnudo
mi sábana nevada de las cumbres
con su obelisco y todo? 

Y tú, amada mía hasta las patas,
me tienes atrapado sin decir lo que me piensas
cuando atiendo tu vestido acalorado
que orbita en tu deseo piano piano de balada

. En tu inmenso abierto
y gigantesco acampanado atuendo
estorban esas piernas largas como flecos
Perdido en tus hueseras
se me salen los vibratos
detonando mis latidos a balazos 

Entonces soplo con todo el corazón
y brotan tus piernas vigorosas
hasta más allá de mi paciencia.

Me tienes aturdido, ni te explico,
a tus sedas me adiciono
a tu caballo femenino
a tus babeos amorosos soy propenso
y adicto presidiario. 

Ya rozas mi curva de autopista
mi velódromo de piernas de ciclista
mi lóbulo sitiado por tus dientes de conejo.

Me masticas
la punta de los dedos
con desplante
loba furia y erudita
Con vapores de tu afán
la invisible piel de mis prepucios
me adormeces.

Cual badajo de nupciales campanadas
tus sorbidos me remecen los cadalsos,
las jugadas y los ases
de garito novelero y alquimista

Mi flor de carambola
di que emboco por favor con mis trompadas di
en la rima de tu pecho y en domésticas ranuras.
Y que te amo
lo repito
al infinito.
dímelo adobada con tus mieles macho

.Al toro de rodillas sin orejas ni latidos
no le pidas más cornada
Me sobran los suspiros
bamboleos, curvaturas
y el par de banderillas
clavadas en mi oscuro lomo de novillo.

La blancura de mis dientes,
el peinado adolescente
las verónicas
la suerte
se me tiñe de roja somnolencia
y triste sino 

A mis cornadas ven viciosa ven goteando
Adoro tu quejido sacudiendo
tus amables puñaladas poetizas.

Pertenezco a tus arrugas, rollos y pezones
al acero más certero de tu celo,
a tus muertos
que tiran amapolas con pinceles a mi pecho,
a tus huesos de porteña
corre el fuego, tempestades implacables
por el borde etéreo de una cala.
¿No ves acaso que flameo y saboreas
hasta en la comisura de tus labios mi discurso?

Al creer que te acaricio en esa gota tibia que te escribo
toda tuya,
amor mío,
que tirita
sin caer
en ninguna versión de tu película
me doy por satisfecho. 

Pordiosero de quejidos
que se pierde en tu algodón de luna
te suspiro vida mía
te sostengo de corrido

Acariciando mi teclado me permito alimentarte
en lo profundo de tus miedos
para ser exacto
en la gramática iracunda de tu escrito y me devoras

Enséñame la fiera soledad
la reja más segura del presidio
y el más cruel de mis pecado
que es soñarte
en el horizonte de la nube nuestra ardiendo,
casi luz del beso prometido y dilo:
En el cielo de mi pieza y debajo de la cama 
me aparece consistente
tu amoroso pensamiento

Viene el gato negro a soplarme las pestañas,
la cerradura solitaria de todas tus palabras
las encrespa,
las seduce 
para acariciar a puñetazos y a plumazos,
ese nombre que me inunda cuando sueño
y se me sale al despertar cada mañana

.Si supiera cuánto amor mío
de nombrarte lo que vivo, existe
no lo dudarías

.


Mizuage
.


LA CONQUISTA DEL OESTE


Seré el norte, el sur y el este
y la sombra de la noche en verbo ajeno
me cansé no más de tanta peste y me retiro.
Equivocado con certezas y verdades
a la conquista del oeste voy sereno.

Mientras embalan esa luna en papel ruidoso
veo lo que comen las gaviotas.
Picotean lo que tengo de miseria
al borde del abismo de la copa y de mi novia
contemplando hacia mi ocaso deslavado.

Me encandilan las luces solitarias de la noche afirmándose a los postes.
Los males lujuriosos, la sed me esperan en la barra
y atraviesan las siluetas de este cuerpo abierto escupidero
por el cristal de la ventana de mi pecho roto, los sedientos.
Me contemplas en tu espejo como bebo.
Dicen que es el modo como bebe todo muerto.


Sí, multitud
aquí estoy con lluvia salpicando en sol mojado
las pisadas de tus pasos y el sudado de los mismos
junto al perro que no ladra
y la acrobacia silenciosa de mis aves invisibles
que fueron mis abrazos honorables.

El sol dará el revés y nadie sabe el día que acontece.
Lo que de mí se quema junto a usted es como vela
se suspende ardiendo en la punta de los cirios
y a pesar del grito inmenso del bullicio
es muy poco el desperdicio de mis llamas el que abrazas

Mis perros lloran el frio que me cubre
Capitán, Rucio, Pelusa, Blue, Pecas, Maiki y Malibú.
Aullando mi largada esquivan mis afectuosas dentelladas
y estampidas por los campos santos y asolados.
Eso fue a la luz del día, en plena bofetada de la infancia.

Por mis calles van comparsas, procesiones y desfiles.
Trazan ejes de empedrados en todo el sueño
y confluye a mi plaza principal, corazón de armas, Belcebú
para alzar la gran bandera de mi vida
de mis próceres, piratas y cadalsos y vencerme.

Es que fue mucho lo que amé y lo mentido.
Mi iglesia, catedrales y capillas de todas las ciudades
y la resurrección de tanto campanazo en mi nube señalada
hizo caso omiso de la pulcra puñalada. Me recibe refulgente
con los copos escondidos de su vientre y lo mullido de su afecto.
Así son la nieve, tú y el nunca más.

Soy el hijo prometido cautelando esas semillas de maldad
con algodones de caricia, que fueron las gracias que me dieron
por mirarlos cordialmente y muy atentamente.
en la gran crucifixión de mi trazado, arcos, arbotantes
mientras el cortejo, en pétalos bañado, me asesina.

Entonces levanta sus badajos sin miedo el carillón,
repicando enfurecido, a la roja campanada de vuestro corazón
con los tajos cotidianos, sanaciones y milagros,
a este mismo funeral y al bautizo lapidario, porque como dije
allí se derrumbaron mis tiernas ecuaciones.

Está la arquitectura musical de tus órganos sexuales
Y la sensual dicotomía de la policía dirigiendo el tránsito
con su báculo y su vacío de las calles
Y que no olviden enviar su carraspera por la orilla del pasillo,
los ahogados con silbidos, salvavidas y los pilotos de glaciares.

Las bodas y sus novios del asolado sufrimiento
con las flores que más quise me están hablando en rimas
con lágrimas del arco iris y goterones en pleno otoño
Sin hojas para el triste barrendero, están los árboles
pero ¿a quién le importa si el número de hojas nunca es cero?
Van y vienen por sus vidas y no se quedan.

Se me corre el nudo entre los pétalos
y la pintura de payaso de mis párpados tapados.
Se me atora el nexo en la garganta uy! qué miedo.
A pesar de la denuncia incierta de mis nietos cándidos
crecerán mis uñas bajo el lago congelado en el que yazgo
me vengare de ellos trisando su témpano de abuelo.

Aprieto con mis piernas el alza vidrios de mi electrónico cerebro
y resbalas sobre todo,  bella, sin nombres, majestuosa
El coro de ángeles afina mi canto fallecido en la pared de carne
que cual gota escurre por tus glúteos de acuarela
y por la mojada bragadura de tu blanco delantal de abuela.

No quisiera llorar y se me inclinan el miedo y los recuerdos
Dios, quiera dios que lacrimosas y divinas diosas sin plegarias
en atléticas sesiones con la marca registrada de mi soso embaucador aparecieras
con tus payasadas anodinas en tu examen escabroso irreverente

Pon tu dedo en los párpados callados de este muerto
en la señal de la santa cruz de todos mis secretos y en mi sexo.
No sé si la decisión correcta es morirse ahora
que detono a tus floridos campos del bordado
vastos en la extensión continental de tu pellejo

No me culpes,
es la vida la que al frío me abandona,
mi copiosa ocupación y la enorme inconsistencia en mis deberes.
Por primera vez adivino que me muero
lo sé, porque no se cumple nunca el deseo de abrazarte

Estar empapado hasta los huesos de la muerte
y saber que te acontezco en la tarde que nos llueve
como debe ser al caminar en nubes depravadas y virtuosas
y con tanto frío, como dicen los pronósticos del tiempo
es el matrimonio no cumplido de tus versos con los míos.

Cargan embutidos con todas mis mentiras los demonios
Algo así sentí en mis bodas o si quieres di, tus juramentos.
Me casé con toda lluvia que pasó por casa y era copiosa en mis olvidos
Ese fue mi destino, decir siempre sí,
y esperar las nuevas gotas de rocío caer al brillo liso de mi embalse.

Fusilé en toda prueba, y me desdije de sermones
Fui juez de hambrientos y más de tristes que boyantes
miré el futuro de sus pobres muertes
bebí los faros de codicia, vanidad, usura
un dos un dos tras tras. No quiero más.

Háganme los cargos de mi desamor
seré absuelto hasta por la pared del frente
Mi defensor dirá que fui el astronauta de todo gemebundo
de tus visiones en el computador, de tus miembros y agujeros
Con toda la energía de mi escala del dolor
lo justo es olvidarme ahora y para siempre.

Tomen camaradas esta vida, lo que es tomar mi muerte eterna
Y sigan con sus recocidos en esa estufa a gas; mi infierno
numerando huesos y holocaustos ¿hasta cuándo?
A luciérnagas repartiendo la extrema unción
con sus chirridos de ultratumba de la peor calaña
ya no puedo fiarles ni mi muerte. Ni siquiera mis bajeza.

Pero no se pongan tristes. Pa que sientan lo que siento:
SOY UN HOMBRE CÍVICO
Protestando, como ha lugar, en un lugar equivocado
Disertando en el fondo de la tierra donde vive nadie.
Los malditos se fueron todos hacia el cielo.

Ni te cuento. Lo que caí toda la tarde y los demás subiendo.
El cura todavía está durmiendo en el lecho de su hostia
Soñando con sus santos y yo persisto aquí muriendo
Tal vez por muerto chusco hay tanto deudo sollozando
en las lecturas de este aviso donde expongo lo que pasa.

Mientras fumo este habano ametrallo a los conversos
Con el asma guerrillera de mis Che
con los pelos gruesos de Fidel, los cien fuegos de Camilo
Y por supuesto el gordo dedo de Moisés
Sé que ya me alargo en el discurso pero es el último
colegas, putas y traidores, mis amores.

Que se presente el cárcamo rubén en el estrado
¿Qué relación tiene usted con la mujer?
- ¿La Virgen, monseñor? Soy su hijo ilegítimo.
Guardo en el cajón que llaman ataúd
las proporciones de todos sus traiciones
en el hogar de todos mis residuos; fui el último escogido por esa soñadora.

Por la culpa de amigos, amadas y maestros
con orgasmos, atragantos y zurcidos
fui carnada de sus putos sueños y disculpas.
Voladas y deseos de mis caderas puntiagudas, insistentes majaderas
hasta producir los conocidos dolores de cabezas
Así no más es nuestro fin y el de todo seso roto.

Frente al bendecido por los sagrados sacramentos
Y por la miel de todos sus recuerdos bautismales
Tengan buenos días mi querida multitud
y sería este el fin de mi postrera despedida.
Váyanse a la chucha los dolientes y las viejas.