lunes

MUERTE

Muerte;

os faltan muchos dientes para dar tu dentella.

 

Ay, mi lastimera,

voy llegando a la postrera en vez primera.

 

Lo digo velozmente, sin temer
a las secuelas de tu masticada.

 

Pasará de largo esa culpable,

que no cede su apetito
a mis nuevas  carnes.

 

Al menos,

es lo que sueña mi voraz deseo

pero anciana es la carne nueva la que mata,

hoz a hoz esa mordida;

la que va acortando tus pisadas

con las cuchilladas cotidianas,

con su púber sexo en la bandada familiar,

según cuentan los viejos
que murieron.

 

Pasto tierno
en el corazón hacia la vida.

Bueyes viejos,
temerarios con la muerte.

Ya no alcanzan los festejos
que tañeron los efebos,

y despiertan dolientes los cencerros.

 

Pasan las pisadas
sin tocar esos talones,
y, sin reconocer
esas zancadas escolares,
va el presagio adolescente
en la misma retirada,
desfilando
cuando toda marcha se deshace.

Esos dientes que te faltan,
sin sonrisas verdaderas,
son con gotas agoreras
las primeras estocadas
que me pudren;
unas.

Las últimas palabras
que me faltan;
otras.

¡Esa es la cuestión
de tanta carcajada!

 

Sin saber
a quién diriges esta excomunión

y la misma puñalada,

matas con la saña
dócilmente atragantada.

 

Adiós
a la faltante lastimera
en el carcaj.

Con la misma flecha de Cupido,

esa muerta
te atraviesa el corazón,
al fin de cuentas,

mansamente.

 

Lanza,
de una sola vez,
tu vil saeta,
que te espera

a la vuelta de la esquina

y al final
del breve callejón.

 

Atentamente,

 

La postrera.