martes

PASTO DE LOS CRÍOS


Llegué esta mañana a la página final.
Estaban las batallas con sus bártulos,
aserruchadas las cubiertas y las abiertas.
La obscena trinidad bendita
El matrimonio que se ofrece a la fecundidad:
los hijos
Y el instante breve y tácito de la existencia plena.

Era un día luminoso.
Qué duda cabe.

Creía por lo tanto ser feliz,
pero era sólo el vino o el intenso frío
con su felicidad precaria,
con su rotunda confección de la pobreza
y apenas pasó la borrachera,
la humareda sutil del ponche,
reconocí que no pasé la balacera,
la revolución;
ni el exterminio de los incompetentes.

Como siempre fue en mi carraspera
donde llegó apenas un insecto impertinente
desnudo
sin escamas ni memorias,
hermoso, algo más que oscuro,
solitario,
insolente
rozándome la cara de difunto,
inoculando huevos
para hacer de su existencia
y mi vacío
el pasto de sus críos
.